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Bomba,Plena,Merengue y Bachata Por: Medardo Arias Satizábal

XIV

Con el inicio de la década del 60, el ritmo vernáculo de República Dominicana, el Merengue, había alcanzado ya un reconocimiento universal. Desde de todas las provincias de esta nación, y particularmente desde la region del Cibao, el Merengue había logrado una presencia importante dentro de la música popular de América Latina y el Caribe, principalmente con las grabaciones primeras de Angel Viloria.

No obstante, es Johnny, "El Caballo" Ventura, quien le da su perfil más moderno y le permite un un salto a los grandes conciertos y celebraciones de Estados Unidos y Europa, con una figura como la de Wilfrido Vargas y sus Beduinos. Este dominicano logró alborotar emisoras y discotecas en Nueva York, desde su primer hit, ¨El Barbarazo¨, dado a conocer en 1978. Los temas ¨Santa María¨, ¨Abusadora¨ y ¨El Africano¨, lo situaron en los primeros lugares durante varios años, y ya bien avanzada la década de los 80. Vargas logró encantar con temas sociales como "Enrique Blanco", "Desiderio Arias", y desafió todo orden, todo rito, en su contagiosa cumbancha: "Venga un policía, vengan dos/ el pueblo es siempre más/ y digo la verdad/ porque para eso es el merengue y mi canción...".

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Photo Courtesy of heritageinstitute.org

El merengue de estilo cibaeño, elegante, pausado, de suaves movimientos, es tenido como el más ¨genuino¨ dentro de la musicalidad dominicana, no sólo porque era el favorito del dictador Rafael Leonidas Trujillo, sino porque representa esa intención primera de una música de origen campesino, como lo es, también, la Bachata.

Existen pues varios estilos de merengue, uno de ellos, el más popular, el denominado ¨Apambichao¨, el cual se baila cuerpo a cuerpo y en desplazamientos cortos, y el ¨Perico Ripiao¨, de tonos más rápidos. Existe una leyenda con respecto a la expresión apambichao, la cual, asegura, este término proviene de ¨Palm Beach¨, del estilo de sombrero y guayabera blanca, carácter sartorial del Caribe que se impuso en buena parte de Florida. Sin embargo, esta es sólo una conjetura, y para los nativos dominicanos, ¨apambichao¨ es sinónimo de abrazo estrecho, de baile pasional, esa comunicación abierta entre bailadores.

El merengue, como la Bachata, ha experimentado en diferentes épocas el baldón de la prohibición. En algunas provincias campesinas de República Dominicana, llegó a penalizarse y a prohibirse, desde los púlpitos, la Bachata, por considerarla un ¨baile obsceno¨.

Este mismo baile, llegó a opacar a la Salsa, al menos en Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos, en el segundo lustro de los 90, y en los primeros años del siglo XXI. Con la eclosión del merengue en los 60, Rafael Cortijo propuso desde Puerto Rico una nueva sonoridad que tomó como base la Bomba y la Plena. Con su combo, capitaneado por el Sonero Mayor, Ismael Rivera, estructuró parte de la mejor historia del acervo musical de la isla.

Al tiempo, el cierre de la frontera musical cubana en 1959, el arribo de la Revolución, hizo que empezara a a crecer en el mundo una nostalgia por la música cubana de antaño, por el Son Tradicional de Santiago, y por todo lo que venía del pasado, un reclamo que encontró respuesta y explosión, en la película ¨Buenavista Social Club¨ de Wim Wenders, en el año 1998.

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Photo Courtesy of repeatingislands.com

Al tiempo que Cuba priorizaba sus alternativas económicas, en la búsqueda de una base ideológica y política, para sus opciones históricas,, las manifestaciones del arte, entre ellas la música, fueron aplazadas por muchos años dentro de las tareas del nuevo país. De ahí partió el nacimiento de una nueva melodía condensada en la Nueva Trova de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, principalmente.

Con los trovadores de la revolución, muchos se apresuraron a decirle adiós al Son, el cual nunca desapareció sino que recibió transformaciones en el tiempo, como las experimentadas por la Orquesta Aragón, Son 14, Irakerere, NG La Banda y los Van Van, entre otros. Nuevas rezones y sentimientos, nuevos arreglos en los pianos de Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba. Desaparecieron, así, por muchos años, las composiciones atinentes a la emoción del paisaje, al paso del ¨caudaloso Cauto¨, y sus bondades. Desaparecieron también las alusiones a mujeres tropicales, matronas de extensas y valerosas tribus, como Mariana Grajales, la madre de Maceo, y también las melodías que cantaban la belleza de la mujer cubana, la que va por la calle, como la de Antonio, del estro de Matamaroros. Se fueron las loas a las parrandas, al sol y al ron, al gallo de mi compadre, a la hija de mi vecina.

Esa década estrenada por Fidel y sus Barbudos, encontró afirmación musical en el exilio; la Sonora Matancera, Celia Cruz y otros grandes músicos, buscaron el amparo de los Estados Unidos. Celia cantó hasta su muerte en Nueva York en 2003, y fue llevada al camposanto envuelta la bandera de Cuba, el 22 de julio de ese año, fecha que el gobernador Pataki declaró como "El Día de Celia Cruz"; nunca más pudo volver a visitar su isla, como no lo hizo tampoco Guillermo Cabrera Infante, el autor de ¨La Habana para un infante difunto¨, exiliado en Londres, durante los últimos años de su vida.

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Photo Courtesy of travelandsports.com

Con el despuntar de la revolución en Cuba, Puerto Rico recibió gran atención musical, no sólo dentro sino fuera de sus fronteras. Rafael Cortijo envolvió a los bailadores en su zarabanda. Nacido en el caserío de Cangrejos, cerca a Talega, Cortijo fue heredero, al igual que Ismael Rivera, de esa tropa de negros libertarios que prendió la mecha independentista en las playas, en la defensa de San Juan frente a la flota europea a fines del siglo XVIII. Integró en su combo a lo mejor, ¨la esencia¨ autóctona de mùsicos playeros, deleite de turistas en la zona hotelera y bembé permanente en los caseríos que, como el Llorens Torres, izaron su bandera. Por la Boca de Cangrejos y en Loíza Aldea, en la Playa de Piñones o en Luquillo, por Orocovis y San Lorenzo, se escuchó el coro agudo, plañidero, casi femenino, de Cortijo y su Combo. El montuno perseguía canciones como ¨Cúcala Cúcala¨, ¨Déjalo que suba¨, ¨Monta mi caballito¨, Máquino Landera¨ y ¨El bombón de Elena¨. Bajo el sello ¨Seeco¨, Cortijo arropó al Sonero Mayor, junto a Roberto Roena, Martín Quiñones, Eddie Pérez, Miguel Cruz, Kitto Vélez, Héctor Santos, Mario Cora, Roy Rosario y Rafael Ithier. Este último fundaría posteriormente el Gran Combo de Puerto Rico.

Rivera conquistó Nueva York, Panamá y Puerto Rico, destacándose como gran sonero, un improvisador y creador nato de dichos y refranes, mucho de los cuales eran recreados por su talento, después de ser escuchados en las calles de Puerto Rico. Rivera aupó el ritmo con una voz hecha de claras tonalidades percutivas, como si fuera, él mismo, otro instrumento de la orquesta. Dejó para la Salsa un epertorio amplio de pregones antillanos y mofas jocosas que van desde ¨Sacude zapato viejo¨, hasta ¨Yecuajey¨, pasando por los múltiples retruécanos y silabeos que convocaban a Caridad, una de sus hijas, a Belem, Maribelen, la ingrata, Carmela, Portobelo, Quequé y Cuajey. Amigo del jelengue, el merequetengue y la guanchinanga, cantó libre a los vientos de la ensenada que lo vio nacer; era un descendiente auténtico de Cangrejos y en su voz llevaba siempre ese mensaje de crustáceos corriendo fugaces por las playas de Caribe. Su canto era para la libertad, para los hijos del mar que corretean por Santurce, Guanbacoa, Maracaibo, Portobelo o Buenaventura. Su voz playera adquiría de pronto una vibración de guitarra, como lo hizo en ¨Las caras Lindas¨, o se explayaba en esos cantos africanos del tiempo de la Colonia, cuando las naves negreras dejaban su cargamento en lass costas de Boriquen.

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Photo Courtesy of prfdance.com

En ¨Volare¨ y ¨A bailar mi bomba¨, tradujo los fundamentos de un ritmo que pertenece a la entraña del pueblo puertorriqueño. De un carácter profundamente popular, Bomba y Plena son registros de la vida cotidiana. La Bomba, se tocó originalmente con lso ¨tambores de bomba¨, hechos de viejos barriles de ron, por los esclavos. La Plena, canta el acontecer diario, los chismes de esquina, las cuitas y consejas que corren por las provincias, como ocurrió con la famosa plena ¨Cortaron a Helena¨. En una melodía como ¨Quítate de la via Perico¨, la historia de un hombre sordo que es arrollado por el tren, se logra examinar la naturaleza de periódico de barrio que se atribuye a estos ritmos.

El 13 de mayo de 1987, en el Dispensario Médico de la Parada 19 de Santurce, Puerto Rico, a las cinco de la tarde, falleció el Sonero Mayor, hijo de Luis Rivera Esquilín y de Margarita Rivera...¨Hoy se llora noche y día, porque al negrito bembón, todo el mundo lo quería...¨

El Viejo Maelo, fundador de un grupo que llamó ¨Los Cachimbos¨, nos dejó el perfume de rosas, ya marchito, de su honda poesìa musical. Le cantó también a La Perla, barriada de gente honrada, de ciudanía noble, donde entierran a los patriotas, según reza la composición salida de la pluma del Tite Curet.

Si de pleneros hablamos, es menester mencionar también a Kitto Vélez, quien recordó de dónde venía este ritmo: "La plena que yo conozco, no es de la China ni del Japón/ porque la plena viene de Ponce/ viene del barrio de San Antón.../ la tocan con un requinto, con clarinete y con saxofón/ pero la plena bien sabrosona/ viene del barrio de San Antón..."

Vélez, plenero entero, cantaría también a la provincia de San Germán, a la gloria de sus peloteros: "Que vivan los campeones/ que tanta gloria le dan/ también sus mujeres lindas/ ¡Que viva San Germán!".

  • Creditos:
  • El texto ha sido enviado por: Medardo Arias Satizábal a Deejay Gonzalo para ser publicado en klavelatina 2012.
  • Las fotos son cortesia de las websites Heritage Institute,Repeating Islands,Travel and Sports & PRFDance respectivamente.

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