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TRIO MATAMOROS "El Que Siembra Su Maiz" By: Medardo Arias-Satizabal 2008

 

 

Hace 83 años nació el Trío Matamoros

El que siembra su maíz

Por Medardo Arias Satizábal

Este 2008 que pronto culminará no quedará en el olvido para el Bolero Son, para la raíz de la música cubana, porque fue el tiempo para celebrar el cumpleaños número 83 del Trío Matamoros. Miguel, su director, recogió del campo, de las calles, muchos de los estribillos que acompañaron sus canciones, y también la esencia de unos boleros únicos que, por los clásicos, son ya emblemas de toda la música caribeña y latinoamericana.

         Como en el tango, el trío definió su unidad sonora sólo con voces y guitarras; de ahí sus acentos primigenios, campiranos; hoy, los melómanos estiman en grado sumo esas primeras grabaciones donde la modernidad no había hecho presencia; sones, como tangos, donde es posible escuchar el siseo de la imperfección natural de los estudios de aquella época; la lluvia del tiempo, la misma que nos permite querer los discos viejos como fetiches. 

         Cada vez que puedo, vuelvo a mirar un vídeo donde aparece Miguel Matamoros, ya anciano, cantando el bolero "Olvido" en una verberna de México.

"Aunque quieras olvidarme

Ha de ser imposible

Porque eterno recuerdo, tendrás siempre de mí...

Mis caricias serán, el fantasma terrible

De lo mucho que sufro, de lo mucho que sufro,

Alejado de ti..."

América hispana, principalmente en el área del Caribe, fue  rica en la existencia de tríos dedicados a la creación e interpretación de música popular. Pienso ahora también en Los Guaracheros de Oriente y en el Trío La Rosa. En Cuba, el 8 de mayo de 1925 nació el Trío Matamoros, agrupación que fue en sí misma, la historia del Son y el Bolero.

     Liderado por Miguel Matamoros, integró a Ciro Rodríguez y a Rafael Cueto, quienes desde el início de este formidable proyecto musical, acompañaron a su director en el enriquecimiento de la música caribeña. No hubo suceso importante de la isla de Cuba, al cual no le cantaran, dentro de su particular estilo, en el que apoyaban las estrofas con el coro "Sí señor, cómo no", expresión callejera que permanece en los arreglos de numerosos grupos hoy; ejemplo de ello, el trabajo de la intérprete cubanoamericana  Gloria Stefan.

     Al hacer un registro de la historia del bolero en el mundo, se encuentra que la composición "Olvido", ocupa un lugar central de este sentir musical, así como creaciones tales como "Hojas para baño" y "El paralítico" y ¨La tragedia del Morro Castle¨, un bolero concebido como una novela corta, donde se narra el viaje de placer de un vapor con ese nombre, entre La Habana  y Nueva York. El ¨Morro Castle¨estalló en llamas, en circunstancias que aún hoy permanecen en el misterio. Muchos murieron ahí, y el suceso tuvo la connotación de un ¨Titanic¨caribeño, pues viajaban en el vapor muchas parejas cubanas en plan de luna de miel en Manhattan.

Difícilmente alquien en la América Hispana no ha escuchado alguna vez "Olvido", canción en la que abundan, además, otros giros poéticos: "Por doquiera que mires /tú verás lobregueces/ y si buscas otro amor/ hallarás soledad..."

    El trío Matamoros tuvo una presencia importante, como pionero, en el desarrollo de la música latina en los Estados Unidos. Su primero contrato, con la compañía RCA Víctor, lo firmó en Santiago de Cuba, cuna del bolero, por lo que debieron viajar por primera vez a Nueva York en 1928. Un año después y como para decir adiós a los "felices veintes", estalló el vapor "Tritonia" en la bahía de Buenaventura, Colombia.

Las primeras grabaciones de Matamoros, se llevaron a cabo en Camden, New Jersey, la ciudad que es considerada hoy la de  más alto índice de criminalidad en los Estados Unidos. Aunque la primera canción que llevaron al acetato fue el bolero "Promesa", el que prendió rápido en el gusto de la gente fue el disco que traía por una de sus caras , "Olvido", y por la otra "El que siembra su maíz", con el cual impusieron record de ventas, para la época: 64.000 copias vendidas en tan sólo cuatro meses de aparición.

           Carlos Gardel quedó impresionado con el arte del trío, cuando los aplaudió desde un palco del Teatro Hispano de Nueva York, en 1934, un año antes de su muerte en Medellín.

             Afuera del teatro, centenares debieron conformarse con escuchar las voces del trío a través de parlantes, mientras una nieve fina caía sobre Harlem. 

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