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Cali sigue pachanguera 
 

Por Medardo Arias Satizábal* 
 

El pasado 2 de diciembre, antes de venir a Cali, recibí invitación de Gil Martínez, presidente del Hispanic Professional Network de Estados Unidos, y del Jefe de la Tribu Pequot, etnia nativa que controla el Casino Foxwood y el Hotel de la Metro Goldwyn Mayer en Connecticut. La invitación no hubiera tenido mayor trascendencia sino se tratara de una cena con Eddie Palmieri y con su hijo Eddie II, quienes durante todo el tiempo que duró el ágape, preguntaron por Cali y Colombia. Querían conocer de primera mano  el vídeo que celebra sus 50 años de vida artística, promovido por Martínez a propósito del concierto grandioso que brindara el pianista en el teatro Bushnell de Hartford.

      El gran Jefe indio, hermano de los Cherokees, Apaches y Dakotas, nos contó cómo de la familia Pequot de Nueva Inglaterra, una comunidad que alcanzó los 30 mil miembros en la primera mitad del siglo XVIII, sólo quedaron doce en una explanada cercana al Estado de Nueva York, a inicios del siglo XX. Los nativos hoy en reservas en los Estados Unidos, no pagan impuestos estatales, por concesión especial. Recibieron propuesta para levantar ahí un casino y un hotel por donde pasan hoy los más renombrados artistas del mundo. El Jefe o cacique, debe extender un cheque mensual a cada una de las ya extendidas trescientas familias que conforman hoy la comunidad y reciben beneficio de estas inversiones.

         Al escuchar otra vez a Herman Olivera  cantando ¨Adoración¨, ese himno de amor a Puerto Rico, me trajo obligadamente el recuerdo de Ismael Quintana, el cantante inolvidable de la primera Perfecta, el de ¨Bilongo¨y ¨Qué humanidad¨. Palmieri II develó el misterio acerca de Quintana, al que jamás olvidamos: disfruta hoy de jubilación y vive apaciblemente en Colorado, con su familia. Aunque nada quiere saber de músicos y orquestas, ha aceptado en ocasiones la invitación de Eddie padre para cantar en conciertos en Nueva York. Como él, muchos de los que llenaron nuestras noches con música y fervor, están hoy sólo en el recuerdo, con la excepción de músicos como Manny Oquendo, el excepcional percusionista nacido en Brooklyn, quien continúa, para gracia nuestra, en su reto de mantener y reproducir el viejo sonido de la Salsa neoyorkina, el de los trombones potentes y  las trompetas viciosas, con su grupo, el Conjunto Libre.

            El 24 de diciembre llamé a Nueva York para desearle Feliz Navidad a Chocolate Armenteros, ex trompetista de La Tribu del Beny Moré, otra gloria viva que reposa ya en el Panteón Yoruba. Es como si todos se hubieran ido para dejar su legado en la única ciudad del mundo que los recuerda: Cali.

      La Salsa Dura lucha por su existencia en Nueva York, en Puerto Rico, en Cuba y en República Dominicana, lugares donde otros ritmos de moda la han reemplazado, pero por encima del Reggaetón, el merengue y La Bachata, la Salsa ortodoxa sobrevive y de qué manera en Colombia. Lo acabo de comprobar con la edición del libro "El Delirio de Cali", en el cual participan, entre otros, Andrea Buenaventura, Luis Guillermo Restrepo, Isabella Prieto Bernardi, Aymer Alvarez, Miki Calero. Con un excelente trabajo fotográfico, recoge buena parte de la historia de la Salsa en Cali y culmina con esta tarea cultural estupenda de las escuelas de baile en los barrios, la mismo que, dentro de su estilo, cultiva también el espectáculo Salsa Cabaret, de El Mulato y Swing Latino.

     Puede apreciar en Cali, el pasado 30 de diciembre, parte de las 30 escuelas de baile que conforman el cuerpo de baile "Swing latino" un grupo que, como Delirio, puede representar bien al Caribe salsero en París o Nueva York. Tenemos aquí a los campeones mundiales de la Salsa, una bandera festiva que puede traer el mejor turismo a Cali.

     Puesta en escena

     La Salsa y el baile han generado en Cali una industria silenciosa que ocupa hoy a más de 3.500 personas, entre bailarines, coreógrafos, modistas, diseñadores, zapateros, empresarios, propietarios de discotecas, porteros, sonidistas, orquestas, periodistas, escritores.

     Muchos chicos, ya a temprana edad, se alistan en las compañías de baile, bajo la dirección de maestros, danzarines que han aprendido este arte en el argumento duro de las calles, inventando nuevos pasos, dándole nueva sonoridad y espacio, y movimiento, al cuerpo, en coreografías ya aplaudidas en Las Vegas, Nueva York, París, Barcelona, Madrid.

     Recientemente, el sonero Cheo Feliciano, visitó España, y dentro de su programa en Madrid, debía cantar en el club "Juanchito", un lugar que hacer referencia directa al templo de la Salsa en Cali, en las riberas del Río Cauca.

     Cali puede afirmarse hoy como la verdadera capital de ese ritmo, a nivel mundial, pues aquí, como bien lo afirmó la musicóloga e historiadora Lise Waxer, sobrevíven los ritmos populares en la memoria colectiva. Así lo expresó en su libro "The city of the musical Memory", editado por Weslayan University.

           Dentro de los nuevos sitios de Salsa en Cali, diferentes a Zaperoco, El Habanero (éste en el parque de Alameda) Siboney, figuran "Salsa", en el antiguo Village Gate, y "Dulce con Dulce", la discoteca de Jairo Varela, Director del Grupo Niche, al sur de la ciudad. Sitios como La Bodega Cubana, del pastuso Burbano, y "Conga", cerca al Parque Panamericano, continúan fieles al ritmo. Más recientemente, la ciudad saludó el retorno de Gary Domínguez, quien programó su música, la de la Taberna Latina, en la Gata Golosa, mientras coordina la posibilidad de volver a escena con su propio lugar, toda una nostalgia en varias generaciones de caleños. Algunos locales se preguntan si sería posible recuperar el viejo y tradicional lugar cercano al Club San Fernando, donde tantas orquestas y  cantantes dejaron su impronta.

     Entre el baile, la mejor Salsa del Mundo y el homenaje permanente a sus cultores, Cali continúa pachanguera y a la vanguardia de este ritmo que hizo suyo, con el corazón Caribe.     

         *Escritor colombiano 

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