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El adiós a un salsero bravo

Una rosa para Joe Cuba

Por Medardo Arias Satizábal*

Cuando los historiadores de la música latina en Nueva York traten de identificar el ritmo que acompañó el inicio de los años 60, lo que antecedió a la Salsa de hoy, indefectiblemente tendrán que citar ese sonido de cristal frenético que emitía el vibráfono de Joe Cuba, el músico que acaba de despedirse recientemente.

Con una banda de "seis gatos", se tomó la Gran Manzana por asalto y puso al frente la voz de Cheo Feliciano. De este sexteto inolvidable, recordamos ahora melodías como "Alafia", "Bang Bang", "Ariñañara", y desde luego, la más popular, identificada en los bailaderos de Latinoamérica y el Caribe, como "El Pito".

Cuba, junto a otros pioneros como Joe Bataan, Ricardo Ray, Pete Rodríguez y el mismo Gran Combo, se aventuró en los primeros acordes del Boogaloo, ese ritmo mezcla de swing latino y de notas extraídas de los barrios norteamericanos donde los hispanos empezaban a hacer su tribu. Por ello, buena parte de las melodías que interpretó Cuba en esa, su primera época e fines de los 50 y comienzos de los 60, estaban nombradas en inglés. La época de los sextetos estuvo precedida por la desaparición de las Big Bands, de las orquestas fastuosas que tocaban el mambo en el Paladium y cerraban las madrugadas neoyorquinas con un frenesí que llegaba hasta la playa de Rockway, según lo recordó Woody Allen en su celebrada película "Radio Days", donde resuena, al fondo, la voz de Desi Arnaz cantando "Babalú" en inglés.

"Nunca volveré a Georgia"

Ni al padre de Obama se le hubiera ocurrido ir a Georgia a mediados de los años 60, cuando Angela Davis, Malcom X y Carmichael ponían más fuego sobre la pira de los conflictos raciales en Estados Unidos, mientras el Reverendo Martin Luther King Jr. llamaba a la paz. Pero, Gilberto Calderón, un músico latino que se hacía llamar "Joe Cuba", decidió ir hasta ahí con su banda para tocar en una fiesta de negros. A los blancos que por ahí pasaban les pareció demasiado agresivo el sonido de ese sexteto que coloreaba sus notas con un vibráfono, y los encendieron a piedra, para que no volvieran.

Cuba nunca olvidó el carrerón que pegaron hasta el bus que los devolvió a Nueva York, en medio de una lluvia de improperios. Por ello, su sexteto, que incluía como cantante al joven Cheo Feliciano, popularizó, inicialmente en el Harlem Hispano, una canción que fue después de todos los barrios de Latinoamérica y el Caribe: "I'll never go back to Georgia", (Yo nunca regresaré a Georgia), conocida también como "El Pito".

Ahora que Joe Cuba se ha ido, hago esta remembranza, acompañada por la memoria de una tarde del verano de 2000, cuando en compañía de Lise y del trompetista Alfredo Chocolate Armenteros, visitamos el desaparecido Museo de la Salsa en El Barrio, que así se le denomina en Nueva York al sector hispano de Harlem. Después de cruzar por La Marqueta, el mercado popular atestado de plátano y bacalao en salmuera, llegamos al Museo, al que Chocolate había donado su colección de sombreros. Colgado de un clavo, en la pared, junto al primer L.P. en el que Lavoe cantó "Ausencia", y cerca de una foto de Linda, la novia mítica de Daniel Santos, la que se fue a un convento, estaba el saco de cuadros escoceses que Joe Cuba llevó a Georgia en aquel malhadado verano de mediados de los 60.

Cada vez que muere un sonero, un pionero de la Salsa vieja, se silencia parte de la historia latina de Nueva York, y a ése silencio y a esta tristeza por los que se van, fue que quiso poner música brava la Spanish Harlem Orchestra, el pasado sábado 21 de febrero en el Teatro Schubert de New Haven.

Dirigida por Oscar Hernández, esta banda que irrumpe en el escenario con el fervor de los combos que tocan por placer, por alegrar a la gente, quiso despedir a Joe Cuba con un homenaje de su propia cosecha: "Ariñañara", cantado por Herman Olivera, Maldonado y el ecuatoriano Marco Bermúdez. Héctor Colón puso su nota más alta en la trompeta y el trombonista Jimmy Bosch demostró por qué es considerado, de lejos, el sucesor de Willie Colón.

Hernández, quien se forjó en el South Bronx, al igual que Willie Colón y otros grandes de la Salsa, recibió su mayor inspiración de parte de Eddie Palmieri, Tito Puente, Ricardo Ray y Ray Barreto; con este último tocó seis años y participó de producciones ya clásicas, como "Fuerza gigante". Acompañó también a Mongo Santamaría, en su álbum "Mongo returns", y fue clave en la tecla sonora de los Seis de Solar, la banda de Rubén Blades, la que buscó América.

Oscar Hernández fue invitado por Paul Simon para la puesta en escena "The Capeman", aplaudida en Broadway, con la participación del cantante Ray de La Paz, en el papel de El Santero. Fue también director musical de la obra de teatro "Quién mató a Héctor Lavoe", presentada con éxito en Repertorio Español de Nueva Cork, y de "La Lupe".

La ovación en el Schubert, así lo reconoció Hernández, fue escuchada por Joe Cuba allá en su cielo de tambores, cuando el timbalero venezolano Luisito Quintero nos expresó también, con su descarga, que Tito Puente no ha muerto, como no se han ido, de verdad, ninguno de los que iniciaron la fiesta. Aquí está su inspiración.

*Escritor colombiano (Todos los derechos reservados).

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