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Pedro Navaja ministro

Por Medardo Arias Satizábal*

"Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar/ con el tumbao que tienen los guapos al caminar/ las manos siempre en los bolsillos de su gabán/ pa' que no sepan en cuál de ellos lleva el puñal..." una estrofa que cambió la denominada "música latina" o "Salsa" a mediados de los 80. Su autor, el cantante panameño Rubén Blades, un artista que en el decir de Johnny Pacheco, llegó a la Fania All Stars "como mensajero", o sea, cargándole los cables y el micrófono a los grandes del momento, a Héctor Lavoe, Ismael Miranda, Cheo Feliciano, Santos Colón, Pete "El conde" Rodríguez. Pero Blades se levantó de esa condición humilde y cantó también, como los mejores; se hizo mensajero de amor y de sabor. Sus composiciones le dieron un vuelco total a una melodía que aún en Nueva York, evocaba en sus coros el tiempo eglógico de Cuba y Puerto Rico, trasuntaba en sus coros la nostalgia campesina del Cibao, de Ponce, de Santiago.

Una de las cosas positivas de Pacheco al frente de esta tropa de virtuosos músicos caribeños, fue la de unir a composiciones modernas los tonos del "perico ripiao", las cadencias de la Bomba y la Plena, los homenajes permanentes a los coros de la Sonora Matancera, a traves de los cuales Celia encontró en Nueva York su nuevo reino.

Quizá por ello el malestar de Pacheco con Blades, su malquerencia por este cantante que llegó en silencio y se elevó haciendo un ruido que resonó en todo el mundo. Blades aterrizó la Salsa en la jungla urbana de Nueva York, le dio su contexto moderno y posmoderno y retrató, a través de una melodía como "Pedro Navaja", -alguna vez García Márquez dijo que esta es su canción para la isla desierta- el drama cotidiano del guapo de barrio al que la vida le da más de una sorpresa; Blades compuso también otro clásico, "Juan Pachanga", inolvidable canción que perpetuó en la memoria al gozador caribeño, el de los zapatos de dos tonos que no falta en ninguna fiesta, el que juega lotería, el que fía en la bodega, el del "ay bendito".

El poeta de la Salsa Urbana

Con Blades, la Salsa encontró este nuevo escenario de las babeles modernas donde acecha el bandidaje y la desesperanza; situó esta música en el contexto de millones de inmigrantes que hablan en Spanglish -"I like to live in America", dice el coro de "Pedro Navaja", como homenaje a West Side Store, la película donde por primera vez una mujer latina, Rita Moreno, recibió un Oscar- sin desligarla de sus raíces afrocaribes, y todavía le quedó tiempo para recrear el cuento de Gabo, "Ojos de perro azul". Logró también su éxito a través de un permanente mensaje de protesta por la desigualdad social y las tiranías latinoamericanas. En sus canciones, Blades clamó por una "Nicaragua sin Somoza", reiventó la Salsa a través de "Buscando América" y nos devolvió la realidad de los centrales ensangrentados donde el sueño del jíbaro o del guajiro no estaba arrullado propiamente por el canto del sinsonte. Así, en "Plantación adentro", una obra en la que un personaje llamado Camilo Manrique fallece como consecuencia de las torturas de un mayoral. Esta, su etapa política en la música, fue objeto de la tesis doctoral "Tropical discourses: Latino Unity and Rubén Blades's Music (s)", de Jairo Moreno en la Universidad de Duke.

Blades está hoy lejos de ser el "mensajero" de la Fania; reconocido en Hollywood, ha actuado en películas inolvidables, como aquella donde representó al pintor mexicano Diego Rivera, y acaba de ser nombrado Ministro de Cultura de Panamá, por un Martín Torrijos que ha sido su admirador. Con el dinero que le prodigó su éxito artístico, Blades se hizo abogado en Harvard y fue también hace cinco años, candidato a la presidencia de Panamá, con el movimiento "Papa Egoró".

Una de sus primera tareas como Ministro de Cultura de Panamá, ha sido la de "traer gente a Panamá; quiero que visiten nuestro país", dice. Si me toca cantar para ello, canto donde sea". Quizá el tiempo de este ministerio, en el mayor contacto con su pueblo, le va a permitir al poeta Blades componer la canción que nos está debiendo: la del homenaje al Panamá viejo, donde la lluvia golpea los techos de zinc y hay ropas colgadas en los balcones, la Panamá de los jubilados canaleros, de las viejas casas con solares abiertos al pito de los barcos, la Panamá más parecida a su región hermana, al Chocó colombiano, su socia y vecina del pasado.

*Escritor colombiano

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